El verdadero amor

https://i2.wp.com/i184.photobucket.com/albums/x79/pixvirtual/us016/fp8ZvqjtOgSZ.jpgNavegando por Internet encontré en Mujer nueva un
interesante artículo con la siguiente historia, de autor desconocido, que me
hizo reflexionar: Una enfermera recibió en la clínica a un hombre de cierta
edad que necesitaba que le curasen una herida en la mano. Tenía bastante prisa,
y, mientras le curaba, la enfermera le preguntó qué era aquello tan urgente que
tenía que hacer.
El hombre le contó que su mujer vivía desde hacía ya algún
tiempo en una residencia de ancianos, ya que tenía un Alzehimer muy fuerte, y
él iba todas las mañanas a desayunar con ella.
Mientras le terminaba de vendar la herida, la enfermera
preguntó:
– ¿Su esposa se alarmaría mucho si usted llega tarde esta
mañana?
–No- respondió el hombre-, mi mujer no sabe quién soy. Hace
cinco años que ya no me reconoce.
La enfermera, algo extrañada, le dijo:
–Entonces, ¿por qué esa necesidad de estar con ella todas
las mañanas?
El hombre sonrió y le dijo:
–Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien
quién es ella.
Aquí termina esta historia que nos enseña que El verdadero
amor no se reduce a lo físico o a lo romántico; es la aceptación de todo lo que
el otro es, de lo que ha sido, de lo que será y de lo que ya nunca podrá ser.
Se ha idealizado tanto y se ha manipulado tanto el amor en
nuestros días que hemos hecho de él una caricatura y ya no sabemos qué es el
verdadero amor.
Sin dudas, un momento maravilloso para descubrir este amor
es el noviazgo; pero, desgraciadamente, muchos jóvenes no tienen la menor idea
de lo que esta palabra significa.
Algunas parejas reducen su noviazgo al binomio
pelea-reconciliación. Discuten, muchas veces por pequeñas cosas que podrían
solucionarse con un poco más de diálogo y también de madurez; se separan y
luego se vuelven a reconciliar… y así se la pasan y se les pasan los meses y
hasta los años. Un buen día se casan, y ¡Oh, sorpresa! “mientras fuimos novios
él (o ella) no era así”. Probablemente sí era así, pero no hubo tiempo de
noviazgo real para comprobarlo.
Y es que el noviazgo tendría que ser realmente una escuela
de amor. La escuela en la que dos jóvenes se conocen a fondo y aprenden a
amarse de veras, a desprenderse de sí mismos para darse al otro y dar vida a
otros, sus futuros hijos.
Podemos casi decir que de un buen noviazgo depende un buen
matrimonio. Quizás alguna persona podría decir “pues yo tuve un noviazgo muy
corto y ya llevo muchos años casada”… Y no tengo nada que discutirle, pues un
buen noviazgo no es cuestión de tiempo, sino de “calidad”. Pero existen parejas
con diez años de noviazgo y uno de matrimonio. ¿Qué pasó? ¿En qué se fueron
esos diez años?
La calidad de un buen noviazgo consiste en ser sinceros el
uno con el otro, en aprender a donarse mutuamente, en aprender a ceder, a
compartir los gustos del otro, a conocerse mutuamente y aceptarse.
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