Valores: Criticar no por criticar

Para que la crítica sea constructiva, deberá ser siempre hecha con fundamento y pleno conocimiento, pero nunca a la ligera. La crítica a la ligera puede ser dañina por los efectos que en los demás puede ocasionar y para el mismo que la hace, ya que se convierte de hecho en responsable de las consecuencias que se deriven del juicio emitido.

 Antes de emitir un criterio sobre una persona o asunto determinado se recomienda pensar si nuestra apreciación es justa o no, y ante la duda, es preferible abstenerse de todo comentario, y más aún de la murmuración, esa tendencia insidiosa de hablar en perjuicio de alguien.

¡Cuán fácil es opinar y aún criticar, pero sin lugar a duda que difícil se nos hace, en ocasiones,  reconocer nuestros propios errores, nuestros defectos!

La crítica sana, bien intencionada y con fundamento, es útil ya que puede contribuir a una revisión y hasta un mejoramiento, pero la crítica mordaz y enconosa, y aún más la murmuración taimada, es perjudicial en todo sentido.

En las relaciones humanas, hay quienes exigen perfeccionamiento en los demás sin analizarse, por un instante, ellos mismos. “Nadie es perfecto”, le escuché decir a alguien un día y lo he repetido en más de una ocasión.

Curiosamente, cuando más la persona va perfeccionándose, es menos exigente para con los demás y eleva el requerimiento para consigo mismo; y es, por ende, más comprensivo. A esa persona, nunca se le ocurriría criticar por criticar.

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