¡SILENCIOOOOO!, POR FAVOR (I Parte)

https://i0.wp.com/img121.imageshack.us/img121/9058/silencio2mj.jpg

La Organización Mundial de la
Salud califica con una frase lapidaria que ruido es todo
sonido que moleste. El ruido, ese mal que parece decidido a afincarse en el
siglo XXI, es una incomodidad muy vieja.

Los seres humanos comenzamos
a hacer bulla desde que nos bajamos del árbol, aun con forma de monos. Los
estudiosos del tema han demostrado que el ruido nos produce entre otros males:
agravamiento de las enfermedades cardiovasculares, eleva el colesterol,
insomnio, fatiga, falta de concentración y sordera a corto, mediano o largo
plazo.

El sonido aceptable para el
oído humano es el inferior a los 30 decibeles, y para entenderlo mejor, digamos
que la arrancada de un ómnibus pude superar los 85. Algunos sonidos no tienen
que ser necesariamente altos para molestar: El ronroneo de un aire
acondicionado, o el de la computadora, al que nos acostumbramos porque lo
creemos imposible de controlar, también daña. Decimos muy seguros que con esos
ruiditos imperceptibles dormimos bien, pero el cerebro sigue captándolos y en
realidad no descansamos.

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