Ñico Saquito, se apagó su voz pero no sus canciones

Por: Marlene Montoya
Para los cubanos que peinan canas el nombre de Benito Antonio Fernández Ortíz
quizás pase inadver
tido, pero si se dice Ñico Saquito enseguida viene a la mente
el carismático músico oriundo de Santiago de Cuba.
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El cuatro de agosto de 1982 dejó de existir y, tal como él dejó indicado, en su
velorio y sepelio se escucharon canciones cubanas y de su autoría, y
despidieron el duelo palabras suyas, grabadas el día de su cumpleaños
80.Entonces pidió que nadie llorara, quería alegría y no tristeza, y música con
sabor a tabaco, caña y ron.
En la Casa de la Trova Pepe Sánchez, en
Santiago de Cuba, siempre están presentes sus canciones, con letras cargadas de
buen humor, gracia y doble sentido, pero respetuosas, que contaban anécdotas de
la vida cotidiana.
Cómo no recordar Cuidadito Compay Gallo, No dejes camino por vereda, Atezo
bastidor, Chencha la gambá y María Cristina, entre muchas otras interpretadas
incluso por artistas y agrupaciones extranjeras.

En la calle de Shttps://i0.wp.com/www.radiorabel.com/soneros/saquito.jpganta Rosa, en
la barriada de El Tivolí, nació como parte de una familia donde todos cantaban,
hasta su madre Caridad, ambiente que propició su vocación desde temprana edad.
Solía en la adolescencia recorrer las calles de la ciudad en descargas y
serenatas que amenizaban un cumpleaños, una declaración de amor, una petición
de mano o matrimonio, con jóvenes trovadores como Siro Rodríguez y Rafael
Cueto, integrantes años más tarde del Trío Matamoros.
De joven,
trabajó como mecánico y mediante ese oficio se vinculó con el equipo
de pelota de la Liga
Azucarera en Oriente, donde participó en campeonatos de esa
rama.
En el
terreno se desempeñó como primer bate, receptor o jardinero central con
tremenda habilidad para capturar las bolas, por lo que desde las graderías
gritaban: "Ese Ñico es un saquito cogiendo pelotas", de ahí el
sobrenombre que lo perpetuó en la historia de la cultura cubana.
 Pródigo creador de boleros, guajiras y guarachas, se le conoció en su época
como el reportero musical del Caribe, pues reflejó acontecimientos políticos y
sociales de esa área geográfica.
A los 81 años de edad se apagó su voz pero no sus canciones, que alegran aún la
sede de la trova santiaguera como sucede hoy en el aniversario de su muerte, o
cualquier rincón donde se escuche música tradicional cubana.

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