Mi amigo Juan José

A Juan José lo conocí cuando él tenía unos 30 años de edad y era fuerte como un roble. Yo, en aquel entonces andaba con mi cuerpecito a medio vestir, lanzándoles piedras a las lagartijas, cazando mariposas y queriéndome bañar, tronara o relampagueara, en los aguaceros.

Admiré siempre a Juan José. Lo vi crear una familia con amor, cariño y pasión. Así nacieron sus tres hijos, Enrique, Mariela y Juan Miguel. ¿Cuánto trabajo pasó Juan José para criar a sus hijos? Recuerdo que en el parto del hijo más pequeño, repentinamente, murió su esposa, y lo vi sufrir también.

¿Con cuántos esfuerzos construyó la casa? Cien ladrillos hoy, cinco sacos de cemento mañana, un rollo de cabilla que no aparece. La taza del baño fue, por varios años, un hueco oscuro y la ducha sustituida por el cubo y la latica. En la construcción de la casa Juan José fue incansable, después de la jornada laboral entrelazaba las tardes con las noches.

Hoy, ya Juan José no es un hombre fuerte como un roble. Sus más de 60 años y las enfermedades que padece, le imposibilitan poder hacer muchas cosas. Hoy los grandes y fuertes son sus hijos, a los que Juan José les dio todo el cariño y el amor que un buen padre puede brindar.

Sin embargo, ellos han decidido que “el viejo”, como le dicen cariñosamente, debe ser internado en un Hogar de Ancianos. Los hijos de Juan José no quieren asumir la responsabilidad de su cuidado, prefieren que el Estado se encargue de esa función, mientras que ellos – con sus esposas e hijos -, se disputan o compartes, no sé bien, la casa que Juan José construyó ladrillo a ladrillo.

En la instalación de la salud en nuestro país,  Juan José recibirá los cuidados que requiere. De eso estoy seguro, pero… ¿Acaso no merece él un poquito más de cariño y de atención de quienes lo recibieron todo? ¿Quieren y respetan los hijos a Juan José? ¿Cuántos Juan José existirán en nuestros municipios y barrios? ¿Habrá algún Juan José en su casa?

Entonces, no dude un solo instante, no le de las espaldas y si bríndale la mano con el mismo amor que un día él tendió la suya, para que tú aprendieras a caminar por la vida.

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