El as del timón

Cuatro
ruedas tiene el coche
con
mucha melancolía
el
Sol alumbra de día
y
las estrellas de noche.

Aunque
por lo general los cubanos no vivimos del “cuento”, tampoco despreciamos un
solo instante para escuchar o aportar uno de ellos, ya que ni en los momentos
más difíciles dejamos de sonreír.
Creo,
si los cálculos no me fallan, que existen millones y millones de cuentos y que
de los 365 días con que cuenta el año –sino es bisiesto-, en sólo uno de ellos
decimos categóricamente: “Hoy no estoy para cuentos”.
Debido
a la jocosidad y la alegría del cubano, reír nos es tan necesario como comer,
dormir y respirar. Sin embargo, tenemos nuestros ratos de preferencia para
acoger con beneplácito cualquier cuento: En los momentos libres durante las
actividades de preparación para la defensa, después de almuerzo o cuando
estamos inmensos en las labores agrícolas, entre turnos de clase o en cualquier
instante del día o de la noche si disfrutamos en una instalación cultural o
recreativa.
En
uno de esos momentos, entre turnos de clase, fue que conocí la historia de un
chofer muy hábil, quizás ya con una mezcla de realidad y fantasía. ¿Su nombre?
No, nunca lo supe, pero sí de los momentos difíciles por los que tuvo que
transitar este “As del timón”.
Aquella
noche viajaba en su auto de alquiler, junto a otros siete pasajeros, desde
Rodas con destino Cienfuegos a unos 80 kilómetros por
hora cuando se dejó escuchar de pronto un “Bang” estrepitoso, que aterró a
todos.
El
chofer, ni corto ni perezoso, dijo: “Caballero, nada de gritos, que nadie se me
ponga nervioso, que esta situación la controlo yo, sólo fue un neumático que
reventó, así que tranquilos hasta que logre parquear el auto”.
Tras
realizar hábiles maniobras, debido al zigzag del auto sobre la carretera, logra
al fin controlarlo y estacionar en el paseo de la vía. “Se salvaron
-aseveró con cierto orgullo el chofer-, gracias a que, modestia aparte,
soy un maestro del timón. Son muchos los años de experiencia detrás del volante
y he visto pocos accidentes por neumáticos reventados”.
Los
viajeros comenzaron a descender del auto con una mezcla de asombro de asombro,
temor y agradecimiento reflejada en los rostros. Ya todos fuera del vehículo
comenzaron la inspección de éste. Las gomas delanteras: derecha e izquierda,
estaban intactas, igual ocurrió con las traseras. No había explicación para tan
insólito hecho.

Entonces
un pasajero sugirió que fuera revisado el maletero. Allí estaba la causante del
mal rato. Ahora, el famoso “As del timón” además de soportar la risa y burlas
de los compañeros de viaje y tendría que, al llegar a Cienfuegos, cogerle el
ponche al…neumático de repuesto.

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