Las emociones

Siempre he escuchado
decir, y de hecho he repetido no pocas veces, que los cubanos llevamos una vida
muy agitada, cargada de emociones. Así como también que en toda emoción,
sentimiento o disposición de ánimo hay latente una fuerte fuerza explosiva.
Esas emociones unas veces
estallarán en forma que todos adviertan, como sucede cuando nos salimos de nuestras casillas y en
otras pasará inadvertida a los demás. Así ocurre cuando aparentemente
conservamos la calma, pero “la procesión anda por dentro”.
Se consideran emociones
beneficiosas aquellas que producen en las personas una sensación de sosiego o
que, por lo menos, no nos ponen los pelos de punta. En cambio, la que nos
contraria o nos aflige resulta dañosa, lo cual no impide que todos coincidamos
en que llorar, a veces, alivia muchísimo.
La parte del organismo
que más comúnmente sufre las consecuencias de una emoción violenta es el
aparato digestivo. En esos casos sentimos que se nos reseca la garganta y se
forma en ella un nudo; en otras experimentamos en el estomago una contracción  perjudicial a las funciones de la visera y
aún pudiera suceder que la emoción muy violenta predisponga al estreñimiento, a
las ulceras y la apendicitis.
¿Cómo poder evitar
entonces tales emociones? ¿Cómo saber cuándo llegará? ¿Qué hacer en estos
momentos?
El problema no está en
pretender eliminar las emociones, eso es prácticamente imposible, por el
contrario se requiere crear una disposición de ánimo  propicia a la serenidad, enfrentar los
embates de la vida lo más ecuánime posible, con la seguridad que podremos
vencer los obstáculos, ver las cosas con calma o con sangre fría, como dirían
algunos, y nunca dejarnos vencer por los nervios ni por las adversidades.Esas emociones violentas
que, por lo general, ocurren en nuestros hogares con la esposa, los hijos y
demás familiares, suceden porque no sabemos, podemos o queremos controlarnos y
que después lamentamos, porque le ocasionamos daño a los seres más queridos y,
por su puesto, a nosotros mismos.

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