La gente dice: Me picó el gorrión

El gorrión es, tal vez, el ave más popular entre los cubanos y no tanto por la cantidad que existe a todo lo largo y ancho de la Isla -que de hecho es bastante-, sino porque con su nombre es bautizada la nostalgia, la tristeza, el desasosiego.

Tampoco se trata de que seamos extremadamente melancólicos, nada de eso, todo lo contrario, más bien nos caracteriza la alegría y el buen humor, pero no por ello en cierto momentos hay un pesar que nos atrapa, nos suelta y nos vuelve atrapar. Ese es el gorrión.

Esa nostalgia pesimista no necesariamente nos ataca cuando estamos lejos del hogar, de la familia, de los seres más queridos -aunque debemos reconocer que son sus momentos preferidos-, también puede llegar cuando nos encontramos en casa.

Tampoco es sinónimo de soledad, como han señalado algunas personas. Usted puede o no estar rodeado de seres queridos o amigos y sentir en su interior melancolía por alguien o por algo que está ausente, quizás distante.

El gorrión, por lo general, tiene sus momentos del día y de la noche para aparecer y desaparecer. Dicen los entendidos en la materia que las horas más criticas son aquellas cuando cae la tarde, después de la cena cuando el ocio se hace presente, o cuando nos acostamos y demoramos en conciliar el sueño.

No sé si a los habitantes de otros lugares del mundo les ocurrirá algo similar, pero… ¿Qué cubano no ha sufrido de los “picotazos” del gorrión? Pienso en los combatientes internacionalistas que durante años defendieron tierras africanas o en los médicos que actualmente prestan sus servicios en distintos lugares del mundo.

Considero que lo más importante no es intentar “matar” el ave ni tampoco pretender ignorarla, de lo que se requiere en ese instante es sobreponerse a sus ataques buscando nuevas distracciones y momentos agradables, solo así podremos vencerlo.

Por eso usted, estimado lector, si se siente abatido y sufre de la tristeza piense que en su fuerza de voluntad y decisión radica la solución al problema, porque podrá o no recibir ayuda de otras personas y circunstancias, pero le corresponde a usted y solo a usted sobreponerse a ese instante amargo y desolado de su vida.

No permita nunca ser vencido por el gorrión.

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